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Ineficacia de la institución de heredero por falta de convivencia

La falta de convivencia efectiva del conviviente en régimen de pareja estable (y del cónyuge) como causa de ineficacia sobrevenida de la institución de heredero.

La Sentencia 539/2018, de 28 de septiembre, de la Sala 1ª del Tribunal Supremo español, para un supuesto sometido al derecho común, sobre la ineficacia de la institución a favor del cónyuge en caso de divorcio entre éste y el testador, nos traslada al análisis de sus aspectos normativo, constitutivo y ejecutivo.

1) Aspecto normativo

En derecho común español la falta de una norma específica que regule el supuesto ha permitido al Tribunal Supremo recurrir a la noción de “la expresión de una causa falsa para la institución de heredero o el nombramiento de legatario” o composición mental que, sin la condición de cónyuge, mantenida en el tiempo, el testador no habría hecho la institución, de conformidad con el artículo 767.1 del Código Civil, para anular la institución de heredero.

En Derecho catalán, existe la presunción legal de revocación de la institución de heredero en los supuestos de ruptura de la convivencia conyugal, y en este sentido el artículo 422-13 de la Ley 10/2008, de 10 de julio, que aprueba el libro cuarto del Código Civil Catalán, relativo a las sucesiones, establece que:

“1. La institución de heredero, legados y demás disposiciones que se hayan ordenado a favor del cónyuge del causante devienen ineficaces si, después de haber sido otorgadas, los cónyuges se separan de hecho o legalmente, o se divorcian, o el matrimonio es declarado nulo, así como si en el momento de la muerte hay pendiente una demanda de separación, divorcio o nulidad matrimonial, salvo de reconciliación.”

Esta presunción de ineficacia fue establecida en Derecho catalán por el artículo 132 de la Ley 40/1991, de 30 de diciembre, Código de sucesiones por causa de muerte en el Derecho civil de Cataluña.

El libro cuarto extendió la presunción de ineficacia a los convivientes en régimen de pareja estable, y así el párrafo 2 del citado artículo 422-13 señala que:

“Las disposiciones a favor del conviviente en pareja estable son ineficaces si, después de haber sido otorgadas, los convivientes se separan de hecho, salvo que reanuden su convivencia, o se extinga la unión por una causa que no sea la defunción de uno de los miembros de la pareja o el matrimonio entre ambos.”

Para ambas situaciones, matrimonio y pareja de hecho, el apartado tercero del mismo párrafo 13 del artículo 422, añade que “las disposiciones a favor del cónyuge o del conviviente en pareja estable mantienen la eficacia si del contexto del testamento, codicilo o memoria testamentaria resulta que el testador las habría ordenado incluso en los casos regulados por los apartados 1 y 2.”

En coherencia y complementariamente, el apartado 4 del precepto concluye que “este artículo también se aplica a los parientes que sólo sean del cónyuge o conviviente, en línea directa o en línea colateral dentro del cuarto grado, tanto por consanguinidad como por afinidad.”

2) Aspecto constitutivo: otorgamiento del testamento

En el momento de testar es necesario que el futuro causante sea debidamente ilustrado de las consecuencias legales de la hipotética futura ruptura de la convivencia con el cónyuge o pareja a quien atribuye el carácter de heredero o legatario, para que mida, entre otras, estas posibilidades:

1.- En testamento posterior puede voltear todo, pero también puede verse imposibilidad de otorgarlo, por lo que es conveniente que diseñe su disposición actual como si fuera la definitiva, por lo que, si no tiene la certeza absoluta de la continuidad ininterrumpida de la convivencia hasta el momento de su deceso, establezca las sustituciones pertinentes.

2.- Si realmente pretende que la persona favorecida sea heredero o legatario, incluso en el supuesto de ruptura de la convivencia, es necesario que lo exprese claramente.

3.- Si cree que podría haber alguna duda en la demostración o prueba del cese de la convivencia, singularmente en el supuesto de parejas de hecho sin solidez cronológica, puede establecer una presunción de prueba de existencia de la convivencia, por ejemplo disponiendo que “se entenderá cumplida la continuidad ininterrumpida de la convivencia si no es contradicha mediante acta notarial de notoriedad otorgada en el plazo de determinados meses contados desde el fallecimiento”, o que no se entenderá cumplida si no es acreditada con este tipo de acta notarial en un determinado plazo.

4.- A pesar de ser una condición legal, no deja de ser más informativo para todos los interesados, causante, heredero o legatario y terceros expectantes, el establecimiento de la convivencia real como condición suspensiva de efectividad de la disposición.

3) Aspecto ejecutivo: efectividad de la institución de heredero o del legado

El operador jurídico que deba documentar la adquisición sucesoria necesitará de la prueba o evidencia de la rotura o cese de la convivencia, que será clara en casos de divorcio, nulidad matrimonial o litigio, pero puede no serlo en separaciones de hecho matrimoniales no notorias, o en parejas que mantienen una convivencia confusa (puede haber cesado, incluso, el régimen legal de pareja, de forma unilateral y no notoria).

Para los supuestos de falta de claridad, será evidente la utilidad de dicha acta notarial o de otro tipo de prueba que pueda establecer el mismo causante (cambios de empadronamiento, residencia continuada en un lugar diferente, por ejemplo).

La voluntad del disponente, norma capital de la sucesión, expresión de la libertad civil de la persona, su consentimiento real y efectivo, debidamente informado, debe tomar, en el ámbito que analizamos, como en tantos otros, el mando.