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Die Vincke Familie (1826), de Carl Joseph Haas

Las reservas y la troncalidad hereditarias

Traducción del artículo publicado en catalán en el diario El Punt, sección Opinió, 13 de junio de 2009. El Código de sucesiones catalán de 10 de julio de 2008, vigente desde el 1 de enero de 2009, culmina el proceso de supresión de dos instituciones seculares, al establecer en el artículo 411-8 que «los bienes adquiridos por título sucesorio o por donación de acuerdo con el presente código no están sujetos a ninguna reserva hereditaria ni reversión legal». En el Código Civil español subsisten dos reservas y una reversión legales: la reserva lineal, la reserva binupcial y la reversión de donaciones, instituciones en que se atiende al origen de los bienes para evitar un destino previsiblemente no querido por la persona de quien provienen, y así la ley «presume», si el interesado no establece lo contrario en testamento o donación, en la reserva lineal que si un hijo (o descendiente o hermano) hereda del padre o madre (o de un ascendente o de un hermano) y el otro progenitor hereda este mismo bien por fallecimiento del hijo, los parientes próximos del padre o madre difuntos, del ascendiente o del hermano (dentro del tercer grado y de la línea de procedencia de los bienes) deben ser preferidos al progenitor sobreviviente; en la reserva binupcial, que los hijos de un primer matrimonio tienen derecho a recuperar los bienes que el viudo o viuda haya recibido gratuitamente del cónyuge, en caso de que se vuelva a casar o tenga o adopte otro hijo; y en la reversión de donaciones, que si un hijo o descendiente a quien los padres o ascendientes donen un bien, muere sin descendencia, estos padres o ascendentes readquieren la propiedad. La reserva es expresión del criterio de la troncalidad, la preferencia de la estirpe o linaje relacionada con el origen de los bienes y, a pesar de las críticas, subsiste en muchas legislaciones porque que la voluntad de las personas y de los legisladores, y el sentido común cívico, la sostienen. En el sistema catalán, la reserva lineal y la reversión de donaciones desaparecieron en 1987, mientras que la reserva binupcial ha sido eliminada por el código actual de 2008. A las dificultades para accionar los derechos de los reservatarios o favorecidos por la institución, se añadía la discriminatoria imposibilidad de extensión de la reserva en supuestos de nueva unión no matrimonial, en forma de pareja de hecho, en cuanto a los derechos de los hijos de uniones anteriores en supuestos de uniones de hecho posteriores del padre o madre. Desaparecida la reserva, solo queda, como expresión «troncal», el supuesto de sucesión intestada del causante impúber (menor de catorce años, edad mínima para testar), del artículo 444-1 del código actual, expresivo de que en los bienes procedentes de un progenitor, o de parientes de este, dentro del cuarto grado, son llamados a la sucesión los parientes más cercanos del impúber, dentro del cuarto grado en la línea de la que proceden los bienes, excluyendo, por tanto, el otro progenitor superviviente. Limitado al caso de causante menor de 14 años, tenemos aquí dibujado el triángulo propio de la reserva lineal del Código Civil español; este caso se puede dar, por ejemplo, en ocasión de un accidente de donde resulte la muerte de padre o madre, hijo y al otro progenitor, en tiempo (tal vez horas o minutos) diferente, con el resultado (en caso de no haber previsión testamentaria en contra del padre o madre que muera primero, respecto a la sustitución del hijo heredero que le sobrevive y que muere antes que el otro progenitor) que los bienes provenientes del progenitor premuerto pasan a los parientes del otro progenitor, extraños al linaje de origen. Se ha argumentado que la reserva vidual limita la libertad del viudo, o que supone una discriminación para los hijos de la segunda o ulterior unión. Creo que son razones desenfocadas, porque es determinante respetar la libre voluntad de la persona de quien provienen los bienes. Cada uno puede valorar en conciencia hasta qué punto acepta que los bienes de los que es propietario puedan transmitirse, a través de quien habrá sido su cónyuge o compañero, a personas ligadas afectivamente con estos últimos, o descendientes de estos, en virtud de relaciones posteriores a su muerte, y con la prevención de que la afectividad puede ser tan real y permanente como esporádica, ficticia o interesada. El matrimonio o la pareja se rompen, inexorablemente, con la muerte de uno de sus miembros. El superviviente pisa un nuevo escenario, a pesar de la fuerza del recuerdo de un tiempo acabado. Y en cuanto a los hijos de posteriores uniones, no tiene sentido ver discriminación en las expectativas sobre unos bienes provenientes de un extraño. Si la reserva y la troncalidad siguen vivas en todas partes, y si han estado vigentes tanto tiempo en nuestro país, es porque la vida presenta situaciones que la voluntad testamentaria más frecuente no acaba de resolver satisfactoriamente. Y si la ley actual no cubre la regulación de forma singular, necesitamos procurar, al hacer testamento, tener presentes todos los factores posibles, y valorar la pertinencia de medidas como conceder a los hijos del cónyuge o compañero premuerto un derecho de preferente adquisición (con moderación de precio, si es necesario), en los casos de transmisión a terceros, por parte del superviviente, de bienes adquiridos por este por herencia o por donación del primero (sea o no este tercero la nueva pareja), o establecer fideicomisos de residuo para que algunos bienes (o al menos los no dispuestos) pasen, a la muerte del sobreviviente, a los descendientes del premuerto, y otros posibles. Para el notario o jurista, y con la fórmula de «la voluntad debidamente informada», tan inadecuado es sugerir el establecimiento de vinculaciones por parte de un testador decidido a facilitar la máxima liquidez al cónyuge, pareja o amiga, en cualquier caso, como no interponer cinco minutos de reflexión a quien, envuelto en claudicantes caricias, proyecta deslocalizar un patrimonio, grande o pequeño, desde Campllong a Camagüey, por poner un ejemplo, si se me permite esta transoceánica licencia. No es necesario entender las razones del afecto y del amor, pero es conveniente razonar, con libertad e información, el temple de los derechos que con ellos se conectan.